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El inmarcesible Arlequín Sabanalarguero, un soplo de tradición a la inmortalidad

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Una Crónica de Quio Mar (Comunicador -Periodista)

Son cuatro las décadas del emblemático patrimonio cultivado en aquella patria de campesinos donde las conspiraciones de la memoria  popular datan de esa provincia de proletarios ilustres que fueron aprendidos por el mítico parto de una cochina con las facciones exactas a las de su amo. Etiqueta  con la que  palestra popular se ha mofado durante la década de aquel  conglomerado   de −´Mama puercas’-  ubicado en el corazón del Atlántico, a unos  kilómetros de Barranquilla.

 Un gradual desarrollo urbanístico con escenarios atestados de maleza y barro seco testimonian el congeniado saber popular de aquellos  cronistas del  monte con sus antepasados. 

Memorias  perpetuas y  palpitantes tradiciones hacen de Sabanalarga el escenario de las  historias etéreas del Atlántico, donde la caña brava y los pilones son para nada incompatibles con la fértil y  epidémica inteligencia que ha catapultado el legado cultural de ese labriego de intelectuales ante todo el país. 

No obstante, cuna de aquellos arlequines que se han clonado al ADN patrimonial del carnaval;  como el vértigo más indescriptible del festivo librado en el  emporio más alegre del mundo,  la Costa Caribe colombiana.

La historia es  inmortal en las coloridas historias del viejo Arlequín: de llamaradas desbocadas y enchumbadas gargantas en keroseno que aún se siguen extinguiendo  a la inmediatez  digestiva del antídoto de leche; de anécdotas y palpitaciones que aún son liberadas en cada festejo del Carnaval. 

Pintura de Edgar Francisko Jiménez.

Se dice, que Apolinar Polo, prefabricó la figura Luciferiana en un satírico bailarín acoplado empíricamente a los fragmentos criollos del antiguo arte italiano.  Lo que imita al híbrido eyaculado  del desenmascarado romance de Tristano Martinelli −padre del Arlequín− con la inolvidable  María Moñito.

Este viejo Arlequín visajado de garabato hace décadas componen el jeroglífico patrimonial de la republica más  tropical y cambambera del mundo −Barranquilla−.  Más de 45 congós de oro  honran la memoria de Polo Morales, el rey Sabanalarguero, que coordinó su volcánica invención  desde un trono de balineras y ruedas desvencijadas. Un  viajero en el tiempo que  postro su nostálgica memoria  al universo cultural que hoy día compensa  su trayectoria,  con letras y conversatorios. 

Los «diablos» no aluden al tentador enemigo de la voluntad del hombre y menos consagra un pacto con el apocalíptico que incita a los más débiles a la excitación; estos son una apología al  Arlequín que danza en  puyas prolongadas que va escupiendo ráfagas de sol sin desafiar las poderosa leyes del viento.  

Foto: Jesus Bastidas

Apolo, jamás traicionó  a la  tambora; mucho menos dejó a un lado a la mujer del monte que aprendió a leer el pentagrama de  las brisas  del Magdalena y las tradujo mágicamente a sones tropicales.  A pesar del tiempo, la ‘flauta e’ millo’ se ha convertido en ese símbolo patrio de los arlequines y de toda una cultura de juglares atlanticenses  y proscritos.

HISTORIA DE LOS DIABLOS ARLEQUINES.

Narra la tradición oral que los Diablos Arlequines son el ingenio del mestizaje obtenido de aquella parranda colonial como el acto valiente de azarar a esos emigrantes disfrazados de héroes calamitosos que «devoraron»  el ´nuevo mundo´ con la osadía de  tragarse a pedazos nuestra tierra. “Los mestizos se apoderaron del entretenimiento; puesto que, Imposibilitados estaban de gobernar sus propias almas”.

 Se dice, que aquellos ¨propietarios¨ del mundo estafaron la noble desnudez del  indio con embrujados espejos para robarles el sol y la tierra, fragmentos mismos que  afilan  la dantesca figura  enmascarada en  el sombrero que hace la puesta al sol.  Los nativos intentaban vengar sus rebeliones con esa máscara de desprecio, ‘porque deshumanizaron sus almas  y envenenaron con humo cada una de sus tradiciones’.

La bocanada de fuego era una protesta maquillada de luz mientras el laberinto de botellas con espuelas ensartadas al pie cumplían la titánica tarea del  equilibrio. ‘Castañuelas, cueros y cascabeles’, son la huella ancestral mejor preservada de este mestizo ritual.

Foto: Quiomar

HOMENAJES.

Entré paredes descoloridas y un lecho de congós enmaizenados en telaraña se respira el antaño revestido en las huellas memoriales expuestas del Arlequín carnavalero. Un aura que evoca un melancólico viaje desde vida hasta la inolvidable muerte. 

Estatuillas y aplausos reposados en fotografías y trofeos embadurnados de olvido.

El 2012 fue el año propicio con el que la Fundación Carnaval de Barranquilla  rindió un gran tributo a la maestría de este Sabanalarguero. Ilustrando a los Diablos Arlequines como la imagen promocional de la fiesta del dios momo −´Una explosión de alegría´−.

Foto Jesús Bastidas

 Afiche protagonizado por el Arlequín carnavalero. Galardón que elogió la  labor artística de Apolinar en este colectivo  que reconoce a la tradición del gran Caribe, como la mayor herencia de nuestros antepasados.

Afiche protagonizado por el Arlequín carnavalero. Galardón que elogió la  labor artística de Apolinar en este colectivo  que reconoce a la tradición del gran Caribe, como la mayor herencia de nuestros antepasados.

Adiós Apolinar.

Se apagó la llama.

 El 79 parece ser el número con el que la suerte apostillo al viejo Arlequín.  No obstante, en 1979  el embajador del bufón dio apertura a la invención con la que recorrió países enteros. Siendo estos dos  impares los que sortearon irónicamente la existencia  sobre su misma tierra. La isquemia lo desprendió del tiempo y de su fuerza; pero jamás pudo arrebatarle el fantástico legado que está inmaterializado en el patrimonio  del gran Caribe colombiano.


Foto: TendenciasEH
“El fallecido Apolinar Polo morales con su majestad Andrea Jaramillo”.  (B/quilla. 2012).

«Apolinar Polo Morales, un viajero del tiempo con el gran Congo a la inmortalidad».

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