El carnaval de Barranquilla es un acontecimiento en el que se manifiesta la cultura y el folclor de la costa caribe colombiana, una expresión de la industria naranja del país, que además, el año pasado registraron ganancias por 405 mil millones de pesos durante pre-carnaval y los cuatro días de la celebración, como anunció el presidente de la Intergremial, Efraín Cepeda Tarud.
Pero todas estas integraciones y ganancias tienen un significativo número de personal trabajando en la realización del evento; hacedores, personas y colectivos que dedican su creatividad a estas fiestas, y a su vez, van salvaguardando la declaración por la UNESCO como Obra maestra del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad y Patrimonio Cultural de la Nación.
Cabe mencionar que, uno de los aspectos resaltados en la candidatura del Carnaval, fue el Valor como testimonio único de tradición. Y entendemos el término con la mayor rigurosidad; tradición es un modelo de convivencia en el que la comunidad considera digno de constituirse y mantenerse generacionalmente. Desde aquí se puede empezar a considerar la importancia de la celebración del Carnaval en el atlántico, por ende, el reto sobre los hacedores es grandísimo; transformar el espectro y sustituir circunstancialmente los escenarios a la virtualidad, es la tarea que se está llevando a cabo para no ser generadores contagios.
Aunque por un lado se haga reconocimiento de la pérdida millonaria que tendrá la ciudad en la época, se tiene como prioridad la salud de los atlanticenses, de esta forma se mantienen vivos los valores del carnaval y se salvaguarda las designaciones por el Congreso de la república y por la UNESCO, entonces, acudir a la nueva “normalidad” para realizar el Carnaval, es proteger este patrimonio y es garantía de sostenibilidad de la diversidad cultural.