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Ya no basta tener plata

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Por: Marcela García, EL HERALDO


Las elecciones pasaron y Colombia habló. Dijo en las urnas lo que sentía, lo que pedía y lo que necesitaba. Dijo que se había cansado de los extremos que solo polarizan y de las disputas entre políticos que, por andar peleándose por poder entre ellos, muchos no terminaban haciendo nada. Pero, sobre todo, dijo que ya no iba a votar más ‘por el que alguien dijera’, sino por el que le ‘diera la gana’. 

Y aunque una parte del país sigue votando pensando en los ‘pesitos’ que se ganarán, o dejándose llevar por la pasión irracional que solo un fanático de la ultra izquierda y/o ultra derecha puede llegar a sentir cuando escuchan un discurso populista, la mayoría de las ciudades principales de la nación, al igual que algunos departamentos, decidieron votar distinto, votar por un cambio, votar sin polarizar y votar con la esperanza de que el porvenir sea mejor. 

Los colombianos se cansaron de los partidos tradicionales, de las casas políticas y del fanatismo. Tan solo basta con ver los resultados en Bogotá para entender lo que está sucediendo. Dos millones de personas votaron por los que no estaban ‘amparados’ por los caciques de las extremas, dos millones de personas votaron por los que se veían ‘independientes’, dos millones de personas votaron por lo diferente, y eso demuestra que la gente quiere una sola cosa: que se gobierne bien, sin tener que estar discutiendo o rindiéndole cuentas a nadie distinto a los votantes. 

Y como en Bogotá, sucedió en Medellín, en Cartagena (en mi opinión, la verdadera sorpresa de éstas elecciones), en Montería, en Bucaramanga, entre otras ciudades, y, aunque con esto no estoy afirmando que se ‘votó bien’ y que serán los salvadores de Colombia, pues eso solo el tiempo lo podrá demostrar, sí se puede concluir que al menos en muchas partes ganó la opinión, y no las llamadas ‘maquinarias’. 

Pero, sobre todas las cosas, me gusta ver que en Colombia, los dos hombres que más discuten, que más polarizan, y que más representan, sin lugar a dudas, cada uno de los extremos ideológicos de esta nación, Álvaro Uribe Vélez y Gustavo Petro, fueron derrotados. Que ambos hayan perdido, que Petro hubiese ‘mostrado su verdadera cara’ al ir en contra de una manera tan déspota, ante quienes alguna vez fueron sus aliados (demostrando que es incapaz de conciliar y que su narcisismo es bastante peligroso), y que a Uribe no le hubiese servido su discurso del terror, ni siquiera en su propia tierra, manda un mensaje importante a los políticos que no han comprendido que hay una nueva generación y que esta quiere un cambio. 

Porque para continuar en el poder, ya no basta con tener para comprar los votos, ya no basta con tener a un ‘líder’ respaldándote, ya para no basta con salir de primero en las encuestas. Porque lo único que basta son las acciones que demuestren que la labor se hizo bien. Como siempre ha debido ser.